[Pelicula] Cashback

TV, Series, Peliculas & Libros | 23 de Abril del 2008 | 123 lecturas

Impresionante pelicula que acabo de ver.


Imagen cortesia de manstar.wordpress.com

Sinopsis:

Ben Willis estudiante de Bellas Artes empieza a sufrir de insomnio por la ruptura de su relacion con su primera novia formal. Tras varios dias sin pegar ojo y habiendose puesto al dia en sus lecturas favoritas coge el turno nocturno del supermercado para aprovechar esas 8 horas perdidas.
El turno de noche recoge personal de lo más variopinto y cada uno juega a su forma con los minutos nocturnos para hacer frente al aburrimiento. Destaca Sharon, la cajera, que tendrá el secreto para curarle el insomnio.
Mientras tanto Ben tiene el don de poder parar el tiempo para contemplar lo que más ama en su vida, la belleza femenina, sus formas, sus detalles, cada curva y aprovecha para plasmarlo en sus bocetos.

Una vez leí sobre una mujer cuya fantasía secreta era tener una aventura con un artista.
Creia que el la veria de verdad, que veria cada curva… cada línea… cada mella y las amaria, porque formaban parte de la belleza que la hacía única.

Hubo una vez en que quise saber lo qué era el amor.
El amor está presente si tú quieres que lo este.
Sólo tienes que ver lo que está envuelto en belleza… y escondido entre los segundos de tu vida.
Si no te paras un minuto… puedes perdertelo.

Web oficial | laurenfilm / cashback

Amor y egoismo

TV, Series, Peliculas & Libros | 7 de Diciembre del 2006 | 345 lecturas

Para quien no pueda dormir xD

[…] en qué dirección parece hallarse la respuesta, debemos ocuparnos del intrincado problema
psicológico del egoísmo El supuesto implícito en el pensamiento de Lucero y Calvino, y también en el de Kant y Freud, es el siguiente: el egoísmo (selfishness) es idéntico al amor a sí mismo (self-love). Amar a los otros es una virtud, amarse a sí mismo, un pecado. Además, el amor hacia los otros y el amor hacia sí mismo se excluyen mutuamente. Desde el punto de vista teórico nos encontramos aquí con un error sobre la naturaleza del amor. El amor, en primer lugar, no es algo “causado” por un objeto específico, sino una cualidad que se halla en potencia en una persona y que se actualiza tan sólo cuando es movida por determinado objeto. El odio es un deseo apasionado de destrucción; el amor es la apasionada afirmación de un objeto; no es un afecto sino una tendencia activa y una conexión íntima cuyo fin reside en la felicidad, la expansión y la libertad de su objeto. Se trata de una disposición que, en principio, puede dirigirse hacia cualquier persona u objeto, incluso uno mismo. El amor exclusivo es una contradicción en sí. Por cierto que no es un mero azar el hecho de que una persona determinada se vuelva objeto del amor manifiesto de alguien. Los factores que condicionan tal elección específica son demasiado numerosos y complejos para ser discutidos ahora. Lo importante es, sin embargo, que el amor hacia un objeto especial es tan sólo la actualización y la concentración del amor potencial con respecto a una persona; no ocurre, como lo pide la concepción romántica del amor, que exista tan sólo una única persona en el mundo a quien se pueda querer, que la gran oportunidad de la vida es poder hallarla, que el amor hacia ella conduzca a negar el amor a todos los demás. Este tipo de amor, que tan sólo puede ser sentido con relación a una única persona, se revela, en virtud de ese mismo hecho, no ya como amor sino como una unión sadomasoquista. La afirmación básica contenida en el amor se dirige hacia la persona amada, asumiendo ésta el carácter de encarnación de atributos esencialmente humanos. El amor hacia una persona implica amor hacia el hombre como tal. Este último tipo de amor no es, como frecuentemente se supone, una abstracción que se origina después de haber conocido el amor hacia una determinada persona, o una generalización de la experiencia sentida con respecto a un objeto específico; por el contrario, se trata de una premisa necesaria, aun cuando, desde el punto de vista genético, se adquiera en el contacto con individuos concretos. De ello se sigue que mi propio yo, en principio, puede constituir un objeto de amor tanto como otra persona. La afirmación de mi propia vida, felicidad, expansión y libertad están arraigadas en la existencia de la disposición básica y de la capacidad de lograr tal afirmación. Si el individuo la posee, también la posee con respecto a sí mismo; si tan sólo puede amar a los otros, es simplemente incapaz de amar.

El egoísmo (selfishness) no es idéntico al amor a sí mismo, sino a su opuesto. El egoísmo es una forma de codicia. Como toda codicia, es insaciable y, por consiguiente, nunca puede alcanzar una satisfacción real. Es un pozo sin fondo que agota al individuo en un esfuerzo interminable para satisfacer la necesidad sin alcanzar nunca la satisfacción. La observación atenta descubre que si bien el egoísta nunca deja de estar angustiosamente preocupado de sí mismo, se halla siempre insatisfecho, inquieto, torturado por el miedo de no tener bastante, de perder algo, de ser despojado de alguna cosa. Se consume de envidia por todos aquellos que logran algo más. Y si observamos aún más de cerca este proceso, especialmente su dinámica inconsciente, hallaremos que el egoísta, en esencia, no se quiere a sí mismo sino que se tiene una profunda aversión.
El enigma de este aparente contrasentido es de fácil solución. El egoísmo se halla arraigado justamente en esa aversión hacia sí mismo. El individuo que se desprecia, que no está satisfecho de sí, se halla en una angustia constante con respecto a su propio yo. No posee aquella seguridad interior que puede darse tan sólo sobre la base del cariño genuino y de la autoafirmación. Debe preocuparse de sí mismo, debe ser codicioso y quererlo todo para sí, puesto que, fundamentalmente, carece de seguridad y de la capacidad de alcanzar la satisfacción. Lo mismo ocurre con el llamado narcisista, que no se preocupa tanto por obtener cosas para sí, corno de admirarse a sí mismo. Mientras en la superficie parece que tales personas se quieren mucho, en realidad se tienen aversión, y su narcisismo —como el egoísmo— constituye la sobrecompensación de la carencia básica de amor hacia sí mismos. Freud ha señalado que el narcisista ha retirado su amor a los otros dirigiéndolo hacia su persona: si bien lo primero es cierto, la segunda parte de esta afirmación no lo es. En realidad, no quiere ni a los otros ni a sí mismo. […]

Un extracto del libro que estoy leyendo: El miedo a la libertad de Erich Fromm. A destacar tambien: El arte de amar. El unico libro que he leido dos y tres veces.

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Amor a primera vista…

Web AH.com y Blog | 10 de Junio del 2006 | 181 lecturas

Pues resulta que esta mañana andaba navegando entre las ondas de internet y me he enamorado. Tanto que lo he cogido entre mis brazos, no conocia su interior hasta despues unas horas de conversacion sobre cosas intimas. Teniamos problemas de traduccion pero enseguida nos entendimos ya que no hace falta grandes palabras para llegar a comprenderse. Ahora que hemos intimado y nos conocemos mejor creo que me acompañara mucho tiempo durante esta larga vida que me espera.

Os lo presento, este theme ;)

Saludos!